Las raíces judeo cristianas de la civilización occidental

        La sociedad occidental no puede entenderse sin las raíces judeo cristianas que han influido a lo largo de los siglos y han conformado de alguna forma nuestra civilización, la visión del hombre en el cristianismo ha sido el motor de su desarrollo.
     El cristianismo desde el principio le reconoce al hombre el “libre albedrio”, es decir le hace responsable de sus propias decisiones, además en la concepción cristiana del hombre, este fue creado a imagen y semejanza de Dios, al convertirse Dios en hombre, lo elevó a nivel de amigo y heredero
    Los monjes durante siglos copiaron y guardaron en los “scriptoriums” (bibliotecas) copias de los libros griegos y romanos que permitieron después en el Renacimiento ser la base de la filosofía de los siglos posteriores incluida la de los filósofos agnósticos
    Fruto de ello el Cristianismo asumió la herencia platónica, Platón ponía en los conceptos o ideas la base del conocimiento, buscaba con ellas el sentido de la vida; mediante este razonamiento le llevó a admitir el mundo de las ideas como pieza inmutable de nuestros conocimientos.
   Todo esta información guardada por los monjes como he señalado, permitió estudiar su obra, su influencia llega al renacimiento, figuras como Santo Tomas Moro, Erasmo de Roterdam y algunos más que no cito acudieron a las fuentes de Platón. Los filósofos que le siguen después, gran parte de ellos  beben también de las mismas.
     Otra gran creación de la Iglesia fue la fundación de Universidades, inicialmente empezaron en las catedrales, crecieron a su amparo separándose después, esto no ha sucedido con las otras religiones. La importancia de estas ha sido muy grande, el gran Siglo de Oro español fue fruto de la pujanza de las Universidades.
   En España la de Salamanca y Alcalá fueron un gran faro cultural en la Europa del siglo XV y XVI, competían con estas las de Paris y Bolonia muy pujantes en estos siglos.
     Las raíces religiosas han aportado tolerancia y libertad; uno de los sucesos que se consideran fundamentales en la historia moderna como un hito de libertad fue la Revolución francesa, pues bien los  revolucionarios franceses de 1789 se basaron en la regla de los frailes dominicos para redactar una constitución respetuosa con los derechos humanos, las palabras igualdad y fraternidad proceden de ahí, y dicha regla era perfectamente “democrática”. Este hecho probablemente sea desconocido por muchos laicistas.   
     Fruto de estos valores y de su concepción del hombre, este adquirió conciencia de su dignidad y de libertad y una de sus consecuencias ha sido el reconocimiento de los derechos del hombre.  
   La iglesia siempre ha defendido a la mujer que la pone al mismo nivel, en el judaísmo la mujer no desempeñaba papel alguno en la vida social del pueblo, su vida estaba limitada a la familia y al hogar, la llegada de Jesús la iguala, esto  lo describe muy bien en diferentes pasajes el evangelio de S. Lucas.
    Siempre ha defendido la vida, empezando por la del niño oponiéndose al aborto, de la justicia social pidiendo en varias encíclicas el reparto justo de bienes y últimamente de la ecología, del medio ambiente. Todo ese caudal lo que ha producido es la visión del hombre occidental y la sociedad más avanzada en los dos últimos siglos.
    Las corrientes laicistas radicales, en crecimiento en los últimos decenios, tratan de ocultar  o desnaturalizar las tradiciones religiosas, esto lo hemos visto en las pasadas fiestas navideñas en las que han aparecido cabalgatas, algunas de ellas más que cabalgatas parecían un desfile de carnaval, también se ha pretendido llamar a estas fiestas las del Solsticio de invierno, etc….
    Si una cultura olvida o renuncia a sus raíces está condenada a desaparecer o ser dominada por otra más fuerte, pues toda cultura necesita siempre unos referentes.