Y anunció Adolfo Suárez: “Pero si ustedes nos dan su voto: “Puedo prometer y prometo que nuestros actos de gobierno constituirán un conjunto escalonado de medidas racionales y objetivas para la progresiva solución de nuestros problemas. Puedo prometer y prometo intentar elaborar una Constitución en colaboración con todos los grupos representados en las Cortes, cualquiera que sea su número de escaños. Puedo prometer y prometo, porque después de las elecciones ya existirán los instrumentos necesarios, dedicar todos los esfuerzos a lograr un entendimiento social que permita fijar las nuevas líneas básicas que ha de seguir la economía española en los próximos años. Puedo prometer y prometo que los hombres de Unión de Centro Democrático promoverán una reforma fiscal que garantice, de una vez para todos, que pague más quien más tiene. Puedo prometer y prometo un marco legal para institucionalizar cada región según sus propias características. Puedo prometer y prometo que trabajaremos con honestidad, con limpieza y de tal forma que todos ustedes puedan controlar las acciones de gobierno. Puedo, en fin, prometer y prometo que el logro de una España para todos no se pondrá en peligro por las ambiciones de algunos y los privilegios de unos cuantos.”
Y con esas promesas, el Duque de Cebreros, ganó por mayoría simple las primeras Elecciones Generales celebradas en 1977 tras la muerte del Dictador y, fiel a sus promesas, cumplió lo prometido.
Acosado más tarde por propios y extraños -y deseado tras apartarse definitivamente de la política-, en la actualidad su imagen y honradez intenta ser copiada por determinados líderes políticos, esencialmente por Albert Rivera, y últimamente por Pedro Sánchez que en su presentación de la campaña que se avecina ha anunciado sus promesas apoyándose en el trípode de Suárez: “Puedo prometer y prometo, decencia; puedo prometer y prometo, diálogo; puedo prometer y prometo, dedicación.”
Interesante trío de promesas sobre la que descansar todo un programa político que esperamos se nos anuncie y, si ganase las elecciones, ponga en ejecución; para ello es necesario que la segunda de sus promesas, la del diálogo, la cumpla, pues en caso contrario sería tildado de indecente y falso.
Por ello me alegro de la “fotocopia” del discurso de Suárez, pues parece ser que dejará a un lado ese dicho, ya popular, de hace uno meses cuando al líder del partido más votado le espetó: “Le he dicho no, no y no, y dígame usted que parte del No es la que no ha entendido.”
Todo sea por la concordia y la verdad.
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