Telas de araña son las leyes

Ya Plutarco en el año 106, habló de que “las leyes no se diferenciaban de las telas de araña, sino que, como éstas, enredaban y detenían a los débiles y flacos que con ellas chocaban, pero eran despedazadas por los poderosos y los ricos”. La tradición de esta comparación entre leyes y telas de araña es larga. Así Honoré de Balzac nos dejó dicho que “Las leyes son como las telas de araña, a través de las cuales pasan libremente las moscas grandes y quedan enredadas las pequeñas”. José Hernández recrea la idea en su “Martín Fierro”: “La ley es tela de araña, / y en mi ignorancia lo explico, / no la tema el hombre rico, / no la tema el que mande, /pues la rompe el bicho grande / y sólo enrieda a los chicos”. Antes, en el siglo XVII, el catalán Joaquín Setanti sentenció: “Como telas de araña son las leyes, que prenden a la mosca y no al milano”. Y como eco decimos: “Como telas de araña son las leyes, que prenden a la mosca de un roba bolsos y no al milano de los Pujol”; “como telas de araña son las leyes que prenden a la mosca de un roba gallinas y no al milano de Urdangarín y prójimas/prójimos”. Y todo, pese a la Constitución: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Queda la ambigüedad en eso de “cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Y ¿se salva la cara por no excluir de tal igualdad directamente a quienes tienen dinero y poder? Las telas de araña, ciertamente, atrapan los insectos, pero no a los pajarracos.