Los medios han informado, con profusión, de la agria, destemplada y despreciativa respuesta de la Sra. Celaá, actual Ministra de Educación, a la interpelación del parlamentario del Grupo Popular, Sr. Matarí, sobre la educación especial. Para mayor escarnio de la cámara, arropada por las risas de la bancada socialista.
Al Sr. Matarí, y a su condición de diputado, se unía la circunstancia de ser padre de una hija con síndrome de Dowm ¿Ignoraba la Sra. Ministra de Educación interpelada tal circunstancia del interviniente? Probablemente, pero tal desconocimiento no minimiza el desacierto de la respuesta con esta pregunta ¿Y Vd., de donde viene?
Y Vd. ¿A dónde nos lleva Sra. Ministra? Preguntaría yo
Verá Sra. Celaá: La ley de asociaciones de 1964 propició que muchos padres de deficientes mentales se agruparan en distintos lugares de España con la finalidad de proteger a sus hijos y, sobre todo, brindarles la educación apropiada a sus necesidades y limitaciones que fortaleciera las bases de su personalidad. Así nacieron las llamadas Asociaciones protectoras de subnormales, vocablo sustituido por eufemismos como personas discapacitadas. Para mayor eficacia en la captación de recursos, las asociaciones provinciales se federaron y así nació la FEAPS (Federación Española de Asociaciones pro subnormales).
Bien por sí o por presiones de las Asociaciones al gobierno, se fueron creando centros de educación especial y así, la atención educativa de los niños deficientes, privilegio de los ricos que podían costearla, se generalizó. En Málaga, Aspromanis, fundada por Don Luis Tudela consiguió inaugurar centros que cubrieron todo el espectro de atención: guardería infantil, enseñanza primaria, formación profesional, trabajo y residencia de adultos.
La pedagogía terapéutica hizo auténticos milagros al conseguir que, incluso con deficiencias severas, los educandos pudieran alcanzar cotas de auto valimiento, inimaginables, hasta ocupar un puesto de trabajo remunerado. Todo eso lo consiguió la educación especial. Con ello la integración social del deficiente fue posible, algo impensable pocos años antes.
La educación especial no solo es necesaria, sino imprescindible. La velocidad de aprendizaje en las personas con discapacidad exige técnicas y patrones distintos. Los centros especializados en este tipo de educación no son apartados sociales, no, sino lugares donde se desarrollan procesos educativos que posibilitarán la integración plena en el trabajo y en la vida.
Si como parece ser, y denunciaba el Sr. Diputado, la pretendida eliminación de la educación especial que propicia su Ministerio, Sra. Celaá, le sería de aplicación uno de los principios de Peter “quien no sabe a dónde va, acaba en otro sitio”.
Aunque se haya disculpado, ni la forma ni el fondo de la disculpa borra el daño recibido por su reputación que dudo pueda regenerarla.