El Copo. A la deriva

No es que un servidor sea un gafe, sino que poseo un fino olfato que me permite augurar que vamos camino de una catástrofe sanitaria, otra económica y la más grave, la social.
         Esta percepción comenzó a anidar en mí una mañana que vi y escuché al presidente del “Sindicato de Inquilinos” en una entrevista, pienso que fue en la Sexta, decir que convocaba a huelga a sus afiliados; preguntado al respecto en qué consistiría tal movilización, contestó inmutable: dejaremos de pagar nuestros alquileres.
         Desde hace algún tiempo observo como los llamados “okupas” invaden “porquesí” viviendas que no son suyas y que se niegan a desocupar mientras los propietarios acuden a jueces y policías que, parece ser, no pueden hacer nada.
         Es por ello que se han creado “empresas” de fornidos y tatuados personajes que “recomiendan” el desalojo de las casitas en plazos de dos o tres días previo pago de una módica cantidad; parece que la cosa da resultado en breve tiempo.
         Con un abanico para aligerar los calores, la líder de “Adelante, Andalucía” piropea al Rey Emérito con el apodo de “pichabrava”, que, aunque pueda venirle como anillo al dedo, no es la forma más correcta en que una política debe dirigir sus dardos críticos.
         Para ello, para crítica, la que hace el pomposo ministro de Trabajo, señor Garzón, que ha asegurado que el auténtico problema no es el hombre, sino la institución, o sea, la monarquía parlamentaria y la Constitución.
         Parece abocar todo a un deseo de cambio de régimen, pero este es un tema que se merece unos doce copos; y la verdad es que uno, por mor del telele vírico, tiene puesto el bozal.
         Hasta que me deshaga de él, todo llegará.