Pablo Casado, candidato a presidir el gobierno de España con el Partido Popular, sigue demostrando una cierta bisoñez política a pesar de llevar bastantes años dedicados a la mencionada actividad.
Viene esto a cuento por la oferta lanzada al líder de Vox, Santiago Abascal, para que la formación que lidera el que monta a caballo no se presente en determinadas circunscripciones de escaso censo en la que los restos electorales de la formación de la gaviota podría perder un escaño en beneficio de Vox.
(Algún día habrá que explicar el mecanismo de ley D’hont, la que rige las elecciones en nuestro país).
La propuesta de pacto realizada por Casado es buena para el PP, pero ha dado alas a Vox por la forma en que ha sido presentada, o sea, a bombo, platillo y de forma pública.
Esas propuestas, “amigo” Casado, hay que realizarlas dentro de un contexto donde reine el mayor de los secretos. En tu caso, inocente Pablo, hay que citarse con Abascal en el “quinto pino”, ese lugar del que todo el mundo habla y nadie conoce, acompañado por el lanzahuesos y por el que ejerce la acusación popular en el juicio del proceso catalán, intentando burlar la prensa y sus paparazzis, hecho difícil de conseguir.
Al hacerlo con pulcritud, virtud que no existe en política, así como ninguna otra, ha conseguido el “líder” del PP que su amigo Santi saque pecho y le aseste una “puñalá” en forma de palabra de la que le será difícil reponerse cuando Abascal cabalgue por esos desérticos páramos hablando de caza.
Al tiempo.