No es demasiado el tiempo que me queda de estancia por este barrio de la vida; es algo que se nota, se siente, se espera y es lógico.
Es por ello que no desearía irme a otra dimensión sin escribir este “copo”, que tampoco va a ser el último.
Como Diputado constituyente que fui, doy fe que no fue nada fácil sacar adelante una Constitución cuya base primordial era, y sigue siendo, la “Monarquía Parlamentaria”; y no lo fue porque su origen residía en la herencia franquista y en los asesinatos reinantes por ultranacionalistas, batallones vasco-españoles, etarras, extremas izquierdas y derechas, etc., al tiempo que se hablaba de paz, amnistía y concordia; a pesar de ello nació con fuerza, y con más fortaleza que en ningún lugar español en la propia Cataluña. Los datos así lo evidencian.
Ya durante la II República fue proclamado “El Estado Catalán” dentro de la II Republica de Cataluña, que duró lo que un “tren en Campanillas, o sea, menos de una semana.
Hoy vivimos momentos difíciles. Hace unos años, la Generalitat de Cataluña se atribuyó aprobar su “República” dentro del régimen nacional de nuestra Monarquía Parlamentaria; un atropello jurídico y constitucional que el Estado legal no podía permitir.
Algunos de sus autores se fugaron y otros fueron detenidos, juzgados y condenados a prisión por delitos de sedición y malversación.
Dentro de pocos días se dictará, por parte del gobierno de Pedro Sánchez, una serie de indultos que, según la Constitución, deberán ser sancionados por S.M. el Rey Felipe VI; hecho que se hará efectivo porque el acatamiento constitucional debe ser guardado por toda la ciudadanía, pero muy especialmente por el propio monarca.
Después se creará, según tengo entendido, una mesa negociadora entre el gobierno central y el autonómico para volver a echar un rato, confiemos que fructífero, entre ambos organismos; para que lo sea no pueden darse motivos de desigualdad con otras autonomías.
Ya no cabe que los Oriol y Rufián, por citar a algunos, hablen de república, separatismos, beneficios aleatorios y que sibilinamente volvamos al mismo lugar de donde partimos; pero si así fuese, quiero creer que todo el peso de la ley volverá a caer sobre esta panda de vampiros, y el olfato del pueblo español vuelva a percibir la verdad constitucional.
Es un “trago” Majestad lo que le espera a la hora de la rúbrica, pero hay que firmar por España y por la Constitución.
Confiemos en que estos zoquetes no vuelvan a las andadas una vez que se sienten alrededor de la mesa.