El Copo. Los observadores

Y dijo el Gran Judío, conocido por Jesús de Nazaret: “porque no eres tibio ni caliente estoy por arrojarte de mi boca”, lo que traducido a un castellano clásico, con perdón del señor Rufián, viene a decir “porque no eres pescado o carne, sino simplemente caracol -con perdón del PACMA- estoy por vomitarte”.
            Y es que esto de los “observadores” en el pacto antiterrorista, más concretamente en el yihadista, viene a significar multitud de conceptos políticos,  a saber: yo asisto para observar, pero si alguien “mete la pata” me salvo por puro o solicito la aljofaina para lavar mis pezuñas ante una posible equivocación o error de aquellos que “metan la pata”, o bien que me entero de todo pero tengo la posibilidad de chivar, no sé a quién, de todo aquello que pueda ser trascendente en la lucha contra el terrorismo.
            Vamos tíos que esto de observar viene a ser homónimo de espiar lo que debe ser más o menos secreto de Estado. No comulgo, y sé que es una postura incómoda, con todo aquello que venga a suponer que me entero de todo pero que no comulgo con la responsabilidad de lo que pueda acontecer, sea ello una masacre o un imán que se ha salido de tono.
            Así no se construye patria, nación o estado; así no se mojan unos hasta las albaidas en la construcción de un país soberano; así no queridos -es un decir- señores de Podemos, Esquerra Republicana, Partido Nacionalista Vasco o antigua Convergencia se construye un país soberano, libre y democrático,
            Verán que no hablo de Bildu, hijo de la época del plomo. Y no hablo porque al menos ellos, nos guste o no, son coherentes con sus principios. Allá ellos que campean a su libre albedrío en la búsqueda de espacios comunes con el PNV.
            Fuera observadores, fuera chivatos, fuera aquellos que se benefician de una fuente de información secreta y que Alá o Dios no quieran puedan hacer uso partidista de ella.
            De este Zoido, tal vez por sevillista, tengo la sensación de ser muy permisivo.

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