El Copo. “Perra chica” a “perra chica”

“Perra chica a perra chica” (5 céntimos de peseta), “perra gorda a perra gorda” (10 céntimos de peseta), “real a real” (25 céntimos de peseta), peseta a peseta, duro a duro (5 pesetas), billete a billete de 25 pesetas, euro a euro, … etc. introducidos en la hucha o en la libreta de ahorros, lo conseguimos.
Desayunando zurrapa migada con pan negro, almorzando a diario unos garbanzos de un cocido y cenando, noche tras noche, la “pingrá” del mismo, cocinado por Matilde, la portera del Grupo Escolar a la que pagaba diariamente tres duros (quince pesetas) por el menú, lo conseguimos.
Dando clases particulares a la chavalería del franquismo, cobrando las “oficiales permanencias”, creando una academia clandestina, bebiendo vino blanco peleón y fumando “ideales” -bello nombre para tan mal tabaco-, lo conseguimos.
Ella, la “pastora”, trabajando en sus “migas” escolares para niños que no tenían edad para acceder a los colegios oficiales, lo conseguimos.
Conseguimos crear una clase media que llegó a poseer, tras ahorros y sacrificios, una vivienda propia y un Seat-600 sin ser esclavos de nadie ni de ninguna ideología fascista.
Más tarde pusimos el punto de mira en disfrutar de un viejo apartamento cercano a la mar, y pudimos con aquellas letras que, mes tras mes y año tras año, nos habíamos comprometidos a pagar.
Y tuvimos una hija, única por partida doble, o sea: porque es única e irrepetible y porque ya no hubo más descendencia.
Y ahora, tras ese arduo y duro trabajo, nos llegan unos mangurrinos estatales que amenazan con impuestos, tasas y robos para que ella, cuando nosotros descansemos en la paz de lo bien hecho, sea una mártir del Sánchez y del tío del “moño”.
No quiero más mártires, deseo justicia.