Con las cachazas que se preveían Mariano Rajoy ha lanzado su discurso de investidura con mucho aplomo (no confundir con plomo), más allá de los sentados en sus escaños; quiero decir que, sin la pasión de un mitin pues no era el lugar adecuado y tampoco es buen mitinero, lo ha enviado al conjunto del pueblo español y a buena parte de Europa.
Ha apelado, tras agradecer a Ciudadanos y Coalición Canaria su apoyo, a la responsabilidad del PSOE pero sin nombrarlo como partido y sin mencionar, ni una sola vez, a su líder Pedro Sánchez; ha omitido hablar de “Podemos” y ha lanzado una buena andanada sobre la unidad de España apelando a los secesionismos de buena parte de Cataluña, por lo que ha quedado claro, pero que muy claro, que ni busca ni desea un solo voto de Esquerra Republicana y la antigua y burguesa Convergencia. Eso sí, no ha mencionado para nada al PNV que, de aquí a nada, se verá inmerso en sus elecciones autonómicas y podría ocurrir que más adelante, si el PNV necesitara del apoyo del PP para alcanzar una posible mayoría absoluta podría recurrir a sus cinco votos con el permiso de Ciudadanos.
Por si no ha quedado claro, vuelvo a repetir que toda la responsabilidad la ha dejado caer en el catedrático del NO, a saber, Pedro Sánchez.
Otra cosa digo por si no han caído en la cuenta sí es que ha escuchado el discurso: ha vuelto a repetir que si falla en esta semana su investidura volverá de nuevo a intentarla. Lógicamente esto lo ha dicho de paso para dar una especie de plazo al Comité Federal del PSOE para reunirse y cambiar su NO al gallego.
Y se acabó; mañana bien temprano, nueve de la madrugada para mí, disfrutaré, si me despierto, con los cara a cara entre Pedro y Rajoy, y este último con Pablo Iglesias, y de este con Albert… y así hasta llegar al diputado Tardà, todo un numerito.
¡Ojo con Diciembre!