El panorama electoral que tenemos a la vista los españoles es un campo propicio para que los mass – media (el término mass-media hace referencia a los medios de comunicación de masas: prensa, radio, televisión, incluso redes sociales) difundan sus mensajes subliminales para condicionar el voto de cara a las previsibles elecciones que nos vienen encima.
El poder que tienen es muy grande, los periodistas, aunque un porcentaje de ellos traten de dar una imagen de objetividad en sus opiniones, de hecho, su ideología próxima a los grandes partidos, les hace inclinarse a defender las tesis de estos, por eso hay que separar en la información “el grano de la paja”.
Las masas son muy condicionables, eso lo saben los publicistas y los políticos, solo un porcentaje discreto de la población es capaz de distinguir entre los mensajes que reciben y digo esto con base en el llamado experimento que hizo el psicólogo americano Solomon Asch en los EEUU.
Consistió en lo siguiente, acudió a un Instituto presentándose como oculista y formó dieciocho grupos de alumnos con ocho o nueve en cada uno, todos salvo uno estaban compinchados con la prueba que pretendía realizar el psicólogo, este último desconociendo estas circunstancias, era el que actuaba como cobaya.
La prueba consistía en presentar dos tarjetas, en una aparecería una línea vertical y en la otra tres líneas verticales de distinta longitud. Los participantes deberían entonces indicar cuál de las tres líneas en la segunda tarjeta tenía la misma longitud que la de la primera.
Los alumnos que estaban compinchados y contestaban primero cometían errores adrede, para tratar de confundir mas, se ponían de acuerdo para que uno o dos dieran otra contestación, también incorrecta, el alumno cobaya opinaba en último lugar después de escuchar a los otros.
El resultado fue sorprendente, solo el 25% mantuvo la respuesta acertada, el resto se dejo influir por la opinión de los otros, aunque reconocieron después, que gran parte conocía la respuesta correcta.
Esto pone de manifiesto varias cosas; hay muchas personas que se dejan influenciar por la masa, aunque piensen que lo que dicen no es correcto, las causas de los resultados en los que fallaron adrede, es el deseo de no destacar, de no ser un elemento discordante, es indicio de falta de autoestima, de falta de confianza en sí mismo.
También pone en evidencia que estamos mucho más condicionados de lo que pensamos, y somos menos libres de lo que creemos para decidir sobre nuestra vida.
Esto lo saben los publicistas y por supuesto los asesores de las campañas electorales de los políticos, así una mentira repetida reiteradamente se acaba convirtiendo en una verdad.
Se utilizan todo tipo de recursos para influir, las grandes marcas contratan a veces a destacados deportistas, modelos, actrices,… para tratar de convencer a los posibles compradores y así vender sus productos; uno de los problemas que tiene hoy nuestra sociedad es que parte de esos modelos no son lo más ejemplar, lo grave es que nuestros jóvenes a veces se identifican con estos últimos.
El término “políticamente correcto” no deja de ser un condicionamiento de muchísimas personas, que pensando diferente no se atreven a manifestarlo para no ser objeto de críticas y descalificaciones.
Crear opinión siempre ha sido un objetivo perseguido por los políticos, saben que haciéndola favorable a sus tesis tienen garantizado el éxito en las elecciones futuras.
Los resultados de las últimas elecciones han puesto de manifiesto la existencia de una opinión pública dividida, ahora empieza la batalla para que en las próximas conseguir que el electorado se incline a las tesis de los líderes políticos, habrá que andar con ojo para que no nos engañen.