La Virgen del Carmen -bonito nombre tiene mi nieta– es propiedad de pescadores, por más que los políticos se quieran apropiar de ella.
“La del Carmen” -más importante que Messi y a una distancia infinita de la casta política- simboliza y pone a flor de piel el misterio de la fe encarnada en una imagen que, con sabor a salitre, ha sido oreada por vientos de levante y poniente.
No sé explicarme, pero tengo la impresión que ustedes me comprenden.
Y es que estas pequeñeces las entienden aquellos que pasaron su infancia entre susurros de mares y nanas marineras.
Felicidades.