La buena noticia. El progreso de la ciencia

    Cuando yo era joven, allá por el pleistoceno, aun se escuchaba el estribillo de “La verbena de la paloma” reseñado anteriormente. Con dicha frase se pretendía magnificar los avances de la ciencia que llenaban de asombro al común de los mortales en los finales de aquel siglo XIX.
     Me ha venido a la memoria este recuerdo con motivo del precioso sonido que parte del lloriqueo de mis dos últimas nietas. Unas niñas que no habrían podido venir al mundo, de ninguna de las maneras, sin la ayuda de la ciencia médica que ha permitido su gestación de una forma imposible hasta hace unos cuantos años.
    Este hecho me hace seguir pensando la maravillosa labor de esa clase médica que pone en práctica a fondo los preceptos del juramento hipocrático, se dedican a eliminar o paliar los sufrimientos de los pacientes, a mejorar la calidad de la vida y, en este caso, a ayudar a traer al mundo nuevos seres que llenan de vida nuestro futuro.
   Por otro lado tenemos el caso de Pablo Ráez, ese joven malagueño al que se le ha realizado un transplante de médula en estos días. Hasta hace no demasiados años, los enfermos de leucemia tenían un futuro incierto y pocas probabilidades de superar la enfermedad a largo plazo. Se le ha vuelto a realizar un transplante y se encuentra a la espera de los resultados.
   El tratamiento de la leucemia mediante transplante de médula debe gran parte de su éxito a la labor de Josep Carreras, uno de aquellos tres tenores que acercaron el bel canto a todos los públicos en aquella época. Aquejado de leucemia, el tenor catalán fue sometido a un transplante de médula que le ha permitido vivir entre nosotros hasta ahora y esperemos que muchos años en el futuro.
    En agradecimiento por su curación, Carreras organizó la fundación que lleva su nombre, que se ocupa de la captación de donantes con gran éxito. La donación se realiza de una forma muy simple. Se toma al donante una muestra de sangre que se analiza. Los resultados de la misma se guardan en un banco de datos a la espera de algún enfermo que lo necesite y cuyos parámetros sean compatibles con el donante. Así lo hice yo hace años hasta recibir una notificación de la Fundación Josep Carreras contra la leucemia, en la que me agradecían mi voluntad, pero que nos daban de baja a las 65 años. Algún hijo mío me ha sustituido en el archivo.
     Creo que debemos animarnos a pasar esta prueba mientras donamos sangre. Que también es transmitir vida. Los investigadores y los médicos protagonizan hoy mi buena noticia.