La estirpe o ralea de Adán

Si me lo permiten, les voy a contar un cuento titulado “Adán” y escrito por Fernán Caballero: “Lloraba Adán con tal desconsuelo la muerte de Abel, que el Señor, compadecido, le dijo:
          -Consuélate, Adán, pues serás la estirpe de numerosísimas generaciones; van a descorrer la cortina que a tus ojos humanos abre el porvenir, y a mostrártelo cual será andando el tiempo.
          Entonces, desapareciendo el tiempo y las distancias. Adán, asombrado, percibió el orbe entero poblado de diversos pueblos y naciones. Mucho tiempo las estuvo observando, y después, volviéndose con aumentado desconsuelo al Señor, le dijo:
          -¡Señor, Señor, dejadme llorar a Abel! ¡Todos son hijos de Caín!
          Y era que a todas las naciones había visto en guerra unas con otras”.

O sea, que la humanidad actual es descendiente de un asesino, un malvado envidioso, un embustero, un corrupto, un estafador, un ambicioso sin límites. Aunque también haya en algunos un poco de sangre de Abel o, acaso, de otros hijos de Adán, que permite que, a veces, se encierre a los asesinos, se castigue la envidia sanguinaria, se proclame la verdad, se desenmascare a los corruptos, se descubra a los estafadores, se ponga freno a la ambición.