Me llegó por WhatsApp, y comprobé después, en diversos medios, el rifirrafe entre Marcos de Quinto, Diputado por Ciudadanos y Pablo Iglesias, Vicepresidente 2º del gobierno de España. El primero calificó de payaso al Sr. Vicepresidente 2º quien respondió en twitter,  sentirse orgulloso de tal apelativo por sus decisiones.
Si el Sr. Vicepresidente 2º lo hubiera dejado así, o si le apetecía, para enfatizar su respuesta e ilustrarla, por ejemplo, con la imagen de alguien de la familia Aragón que aportó a España varias generaciones de payasos ilustres. O la de Charlie Rivel, considerado en su momento como el mejor payaso del mundo, nada que decir. Pero hete aquí que el Sr. Vicepresidente 2º, no sé si por él, o mal aconsejado, acompañó su respuesta con una imagen de Joker, el enemigo mortal de Batman.
Es evidente que Joker, aunque lleve la cara maquillada, no es un payaso en el sentido semántico del término. Ni el de la apreciación generalizada, ni la que tienen los niños que se divierten con las ocurrencias y excentricidades de los payasos en el circo, no; Joker, el personaje de la película, es un asesino patológico que solo piensa en el mal. Nadie que conozca la película, y por ende al personaje, debe olvidar la razón por la cual Joker lleva la faz embadurnada y no por parecer un payaso. Ignorar esto, descalifica al que lo usa como referente.
Algo ha debido fallar en el magín del Sr. Vicepresidente 2º del Gobierno de España, o potenciales consejos inapropiados, para incluir en la respuesta a tan despreciable personaje y asociarlo a la noble profesión de payaso.
¿Es un acto fallido? ¿Es la traición del subconsciente? No me pidáis a mí la respuesta, que no la sé. Doctores tiene la Psicología que sabrán dar cuenta de ello. Si quieren.