El abordaje informativo sobre las enfermedades mentales, la relación entre la ciencia y la comunicación y la información sobre salud han sido los temas tratados en la tercera sesión de las I Jornadas sobre Comunicación y Divulgación en Salud de la Universidad de Málaga (UMA), que concluyen hoy con la participación de unos 150 alumnos. Estas Jornadas formativas han sido organizadas por la UMA en colaboración con la Consejería de Salud y el Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía. Durante tres días, estudiantes de las diferentes ramas de ciencias de la comunicación han podido conocer qué opinan profesionales de la salud, asociaciones de pacientes y comunicadores especializados sobre el abordaje de los temas de salud en los medios de comunicación e Internet.
A lo largo de la mañana se han celebrado tres mesas redondas, una titulada ‘Enfermedades mentales: prevención, tratamiento y recuperación’, una segunda sobre ‘La investigación científica y la divulgación’, y una tercera sobre ‘La información sanitaria en la actualidad’.
En la mesa redonda sobre la salud mental, moderada por Rafael Salas, presidente de la demarcación de Málaga del Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía, han intervenido el director del Plan Integral de Salud Mental de Andalucía (PISMA), José Carmona, el psiquiatra Andrés López Pardo, de la Fundación Andaluza para la Integración de Personas con Enfermedad Mental (FAISEM), la coordinadora de la Federación Andaluza de Personas con Enfermedad Mental, Ana Mingorance, y el representante de la Federación Andaluza de Asociaciones de Salud Mental En Primera Persona, Juan José Morales.
Según José Carmona, la enfermedad mental se muestra en forma de inseguridad o tristeza (fobias, depresiones, síntomas corporales) y, de una manera grave, en forma de ruptura con la realidad. En este sentido, a juicio de Carmona, en la atención a la enfermedad mental hay que, entre otras medidas, intentar erradicar el estigma relacionado con estas patologías. En la sociedad persiste una imagen social negativa de estas personas, favorecida por prejuicios y falsas creencias. Para José Carmona, “a la hora de comunicar sobre lo mental el riesgo de caer en el estigma es muy importante”.
En su intervención, Andrés López Pardo explicó cómo los mitos sobre la enfermedad mental generan discriminación. “Las personas y sus familiares no son culpables de la enfermedad, y sin embargo esta idea errónea causa culpabilidad y angustia en familias sobrecargadas emocionalmente”. Otro mito es la asociación de la violencia con la enfermedad mental. Según López Pardo, “una persona con enfermedad mental no es habitualmente imprevisible, violenta y peligrosa”. El estigma afecta directamente a la persona, disminuyendo su autoestima y al mismo tiempo supone una barrera para el acceso a los servicios y para el ejercicio de los derechos ciudadanos, indicó.
Para López Pardo, “los medios de comunicación pueden reproducir de forma inconsciente estos estereotipos pero también pueden ayudar a eliminarlos”. Entre las recomendaciones para evitar el estigma a la hora de informar sobre salud mental figuran no asociar la enfermedad mental con comportamientos violentos o peligrosos; no utilizar términos inexactos u ofensivos ni imágenes truculentas; evitar el morbo; no confundir las enfermedades mentales con otros trastornos o discapacidades, entre otras.
Por su parte, Ana Mingorance reclamó a los futuros periodistas que tengan una actitud respetuosa a la hora de informar sobre la enfermedad mental, al tiempo que manifestó que los medios de comunicación pueden ayudar al movimiento asociativo haciéndose eco de las distintas necesidades que afectan a las personas con problemas de salud mental. Juan José Morales compartió su experiencia como persona con enfermedad mental. “Tengo un presente y un futuro, no quiero dar un paso atrás: se puede convivir con la enfermedad, uno puede tener todos los recursos que quiera a su alcance pero si no hacemos nada por nosotros mismos, nada sirve”, matizó.
En la mesa sobre la investigación científica y la divulgación, moderada por la profesora del departamento de Comunicación Audiovisual de la UMA, Sonia Blanco, han intervenido el periodista Jose María Montero, director de los programas ‘Espacio Protegido’ y Tierra y Mar de Canal Sur Televisión, y la catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la UMA, Francisca Sánchez, también integrante del Instituto de Investigación Biomédica.
José María Montero ha señalado que históricamente siempre ha habido un desencuentro entre el mundo de la ciencia y la información. “Estamos en una situación que plantea muchas paradojas: vivimos una época de mucha información pero no confiamos en la credibilidad de la misma”. Para Montero, a esta crisis de oferta informativa se suma la dificultad de ofrecer una información científica de calidad rigurosa, asequible y atractiva, debido al déficit formativo de los profesionales, la precariedad laboral y la crisis de la información compleja, que necesita revelar las causas más que perseguir la audiencia y el espectáculo.
Por su parte, Francisca Sánchez, afirmó que “frente a lo preciso y complejo del lenguaje científico, hay que esforzarse para aprender el lenguaje de la divulgación”. Sánchez afirmó que para un científico no basta con ir a congresos o ser miembro de sociedades científicas, sino que ahora es necesario interactuar con el entorno y con los medios de comunicación para dar a conocer la tarea investigadora.
En la mesa redonda sobre la información sanitaria en la actualidad, moderada por la profesora del departamento de Periodismo de la UMA, Laura Teruel, han intervenido la periodista Leonor García del diario Málaga Hoy; el redactor del diario Sur, Ángel Escalera, y las responsables de los gabinetes de prensa de los hospitales públicos de Virgen de la Victoria y Regional, Olga Ruiz y Pilar Blasco.
Leonor García explicó que quienes hacen información sanitaria tienen tres grandes responsabilidades: divulgación; denuncia; y sensibilización y prevención. En cuanto a la divulgación, tanto sobre investigación como sobre asistencia sanitaria, es preciso hacer un esfuerzo para dar a conocer de forma sencilla esa información. La segunda obligación de la prensa es denunciar los déficits y los problemas, con el objetivo de mejorar la sanidad, indicó García. La tercera función es la sensibilización y la prevención, para transmitir mensajes de promoción de salud o “dar voz” a las asociaciones de pacientes, por ejemplo.
Ángel Escalera resaltó cómo la sanidad es cada vez más importante en la prensa por el interés creciente en los temas de salud. “Hay que compatibilizar el rigor con la capacidad de hacerse entender”, recomendó, al tiempo que indicó que es necesario contrastar a fondo la información sanitaria para evitar crear falsas expectativas.
Por su parte, Pilar Blasco destacó que un hospital es un servicio sanitario público y todos los hospitales tienen el deber de divulgar al tiempo que la ciudadanía tiene derecho a saber todo lo relacionado con su salud. “Para mejorar la comunicación entre la administración sanitaria y los medios hay que extremar el cuidado y la cautela para no crear falsas esperanzas y también hay que contrastar la información”, afirmó.
Olga Ruiz detalló la metodología de trabajo en un gabinete de prensa de una institución sanitaria, que incluye desde la atención a la demanda de temas relacionados con la actualidad, que reclaman inmediatez de respuesta, hasta la actividad proactiva de seleccionar y comunicar temas de interés público para la ciudadanía a través de los medios de comunicación. “La respuesta institucional es imprescindible, pone en valor la información, aporta rigor informativo y conlleva una responsabilidad social”, añadió.
