Microrrelato. Los anaglifos del 27

Dijo el profe heterodoxo en su conferencia magistral: «… aquellos señoritingos poetas, las tardes ociosas, tomando café, copa y posiblemente puro, se entretenían creando anaglifos y lanzándoselos a los demás como dardos de talento. Ya sabéis que el anaglifo es una pequeña estrofa, inventada por ellos, de cuatro versos: los dos primeros, iguales formados por un determinativo y un sustantivo; el tercero ha de ser obligatoriamente «la gallina» y el cuarto estará formado por «y» más un sintagma nominal o frase que contraste con los versos iniciales. Un ejemplo que nos aclare: La maniática, / la maniática, / la gallina / y algún patrañero. Sin duda alguna, se trataba de un juego intrascendente, propio de quienes carecen de problemas económicos, viven a costa de padres ricachones y sienten pasión por la palabra. La mayoría de ellos, después, se subió al carro de la lucha social y la poesía comprometida… » En aquel punto le interrumpió un bocazas: «Ese coligado, / ese coligado, / la gallina/ y los fusionistas del idealismo solidario«. Quedó la concurrencia sorprendida y una nueva voz se sobrepuso a la mareta: Algún termómetro, / algún termómetro, / la gallina / y ese gaznápiro conferenciante. A tales voces, siguió otro con su anaglifo y otro y otro… El acto terminó como una clase de escritura creativa: cada cual exponiendo y celebrando su genialidad.

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