¿Para cuándo?

Soy afiliado a MUFACE; en veinte días cumplo ochenta y cinco años y  no he sido vacunado. Pregunto en sus oficinas cuando me vacunan y me dicen que ya me llamarán. Pero lo cierto es que pasan los días y mi mujer y yo no somos convocados para ser vacunados, aunque pertenezcamos a la población de riesgo.
Todos los días, la propaganda política nos atormenta, machaconamente, en los medios de comunicación de que los mayores son vacunados. Sí, sí, pero a mí no me llaman ¿Será que me discriminan por mi afiliación a MUFACE y no estar inscrito en la Seguridad Social?
Hace un año me hice eco en estas páginas escribiendo: “He leído en libremercado.com que ‘Podemos quiere terminar con Muface, el sistema de sanidad privada de los funcionarios’, tal titular lo ampara en cierta manifestación de Dª Amparo Botejara, secretaria de Sanidad de Unidas Podemos”. Las aviesas intenciones que manifiestan tales palabras me hacen temer, algún tipo de discriminación que si no es tal, por los hechos, lo parecen.
Mientras tanto, procuro protegerme lo más que puedo en un cuasi auto confinamiento, saliendo lo más preciso y en horas menos concurridas.
Llevo un año, como muchísimos conciudadanos en mi situación, sin poder abrazar a mis hijos ni a mis nietos, sin reunirme con mis amigos, sin viajar ni asistir a actos públicos de ningún tipo,  en una medida protectora que hasta la presente, por los resultados, resultan positivas, pero esto son medidas contingentes que no pueden ni deben mantenerse indefinidamente.
Nos han repetido hasta la saciedad que la solución para mitigar los efectos de la pandemia son las vacunas. Bien, pero ¿Dónde están?
Hace un año escribía, también, en estas páginas: “Problemas de esta naturaleza [los derivados de la pandemia] evidencian la inoperancia de los gobiernos. Un gobierno eficaz adopta medidas acertadas. Un gobierno incompetente no las adopta y si lo hace, lo hace tarde y mal”. Un año después el aserto es de una vigencia insultante. Que Dios nos coja confesados y nunca mejor dicho.