¿Será el seis de Octubre?

Carlos Puigdemont, actual presidente de la Generalidad, promotor e impulsor de la farsa plebiscitaria montada en Cataluña, y desobediente con su gobierno a resoluciones judiciales, reta a las altas instituciones del Estado participando en el simulacro de votación. Para que quede constancia del acto, la televisión muestra cómo  introduce un papel en un recipiente opaco que pasa por urna electoral.
Llegada la noche, pocas horas después de concluida la superchería, en un alarde de eficacia poco común, sobre todo sin el auxilio de la informática, con toda seriedad y respaldado por su gobierno declara, sin tan siquiera pestañear, el resultado de la consulta, con mayoría aplastante del sí y anuncia que presentará los resultados al Parlamento y así “cumplir” el “mandato” del pueblo catalán.
Supongamos que, para completar la pantomima, se dan por buenos los resultados anunciados y se llega al acuerdo parlamentario de la secesión de  España concluyendo en que se proclame la República Catalana. En ese caso hipotético ¿Qué mejor fecha que el seis de Octubre, octogésimo tercer aniversario del proclamado por Companys? 
No podemos olvidar que, previamente al mensaje secesionista de octubre del 34, se había declarado para toda España, la huelga general, declarada ilegal por el gobierno de la República y que no fue secundada, de forma efectiva, más que en Asturias y Barcelona.
A mitad de su discurso secesionista, pronunciado el 6 de Octubre de 1934, Companys manifiesta: “En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del Parlamento, el gobierno que presido asume todas las facultades del Poder en Cataluña, proclama el Estado catalá de la República Federal española….”.
El Presidente Companys había requerido al General Batet para que se pusiera a sus órdenes. Éste, desoyendo los requerimientos de su amigo, fiel a la República, cumpliendo las órdenes de su gobierno desarboló, en pocas horas, la rebelión, cuyo promotor fue juzgado y condenado por los tribunales de la República.
En el supuesto de que se verifique la hipótesis de que, como en el 34, se declare la secesión  ¿Qué hará entonces el gobierno de España? ¿Quién será el nuevo Batet que desarbole la rebelión?
El buen sentido, del que hacen gala los catalanes, debe prevalecer sobre deseos espurios de minorías radicalizadas que los enfrentan fracturando la sociedad. Que él, como estandarte, reconduzca al pueblo catalán por sendas francas en conjunción con los otros pueblos que conforman el solar patrio.